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HAY POBRES Y POBRES PARTE 1 - FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS Estimados, muchas veces les he escrito que es necesario no reducir el significado de las palabras, ni los presupuestos que las sostienen. Cuando eso sucede, automáticamente se reducen también los resultados. De la misma manera, no debemos arrancar las ideas de su contexto inmediato y trasladarlas “en crudo” a otro contexto diferente, porque corremos el riesgo de caer en errores de interpretación. Cuando leo en la Escritura hablar de “los pobres”, me pregunto: ¿qué imagen de pobre viene a mi mente? ¿Es lo mismo un pobre de Palestina en el siglo I d.C. que un pobre hoy en la provincia o en la Ciudad de Buenos Aires? En Palestina, en tiempos de Jesús, un pobre vivía en condiciones de gran precariedad. Dependía de la agricultura de subsistencia, sometido a impuestos pesados por Roma y por las élites religiosas locales. La vida estaba marcada por la religión, la familia extensa y la esperanza en movimientos mesiánicos que prometían justicia. La expectati...

DEL PROTESTANTISMO AL CAPITALISMO. FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS En la Europa del siglo XVI y XVII, las viejas certezas religiosas comenzaban a resquebrajarse. El protestantismo, con sus distintas ramas —especialmente el calvinismo— ofrecía una visión distinta del mundo: cada persona tenía una vocación, un llamado divino que debía cumplir con disciplina y entrega. El trabajo dejaba de ser solo un medio de subsistencia para convertirse en una forma de servir a Dios. Los calvinistas, convencidos de la doctrina de la predestinación, vivían con la inquietud de no saber si estaban destinados a la salvación. Para hallar señales de gracia, se esforzaban en llevar una vida ordenada, austera y productiva. La riqueza, cuando llegaba, no debía gastarse en lujos, sino reinvertirse, pues el exceso era visto como pecado. Sin proponérselo, fueron creando un estilo de vida que encajaba perfectamente con el naciente capitalismo: disciplina, racionalidad y acumulación. Siglos más tarde, Max Weber observó este fenómeno y lo pla...

PONIENDO LOS PIES EN LA TIERRA. FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS Desde el principio de la Escritura, Dios le dio al hombre la Palabra para vivir en la Tierra. La revelación no fue entregada como un manual de evasión, sino como una guía para habitar la vida real, con sus tensiones, responsabilidades y desafíos. Sin embargo, muchos han convertido la fe en un delirio místico: un escape hacia lo intangible, una obsesión por el Más Allá que los desconecta del aquí y del ahora. El resultado es una espiritualidad que no transforma la vida, sino que la niega. Se predican promesas celestiales mientras se descuida la justicia, la sabiduría y la plenitud que deberían manifestarse en la existencia cotidiana. Jesús dijo: “Yo vine para que tengan vida en abundancia”. Para que vivas acá. No después de muerto. Se habla de coronas futuras, pero se ignora la dignidad presente. ¿Cómo vivís? ¿Qué vida le das a tus hijos? Se sueña con mansiones eternas, pero aquí no podés alquilar un departamento de dos ambientes. Y se tolera...

PROLOGO A LA BIBLIA TEXTUAL- UNA NOTA QUE TODO LECTOR DE LA BIBLIA DEBE TENER EN CUENTA

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PASTORES BRUTOS, IGLESIAS LLENAS DE POBRES. FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS Los pastores brutos (en la interpretación de la Escritura) producen iglesias llenas de pobres.  Reducir un presupuesto nunca es un acto neutro: cada recorte se traduce en un resultado empobrecido, porque los recursos determinan el alcance y la calidad de lo que se produce. Pretender obtener lo mismo con menos es desconocer la lógica de la vida. Lo que se siembra, eso se cosecha. Si se siembra escasez, se cosecha precariedad. El efecto es inmediato y se puede ver en cualquier ámbito. Una obra en construcción con menos recursos termina con materiales de menor calidad o con detalles inconclusos. Una fiesta con presupuesto reducido pierde brillo y se diluye la experiencia. Una comida con menos inversión se convierte en un plato más pobre, sin sabor ni abundancia. Un plan de estudio con menos dedicación se traduce en un aprendizaje superficial, sin profundidad ni transformación. La lógica es universal: si se siembra escasez, se cosecha precariedad. ...

COSECHARAS LO QUE SEMBRASTE. FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS El principio de causalidad y la frase “Cosecharás lo que sembraste” están íntimamente relacionados, porque ambos expresan la misma lógica universal: toda acción produce una consecuencia acorde a su naturaleza. Si siembras trigo, cosechas trigo; si siembras maíz, cosechas maíz. La naturaleza responde de manera coherente a lo que se introduce en ella. La sabiduría popular y la Escritura han recogido esta misma verdad. “Cosecharás lo que sembraste” no es solo una metáfora espiritual, sino una advertencia que atraviesa todos los planos de la vida. En lo agrícola, sembrar una semilla específica produce un fruto específico. En lo filosófico y ético, las acciones humanas generan consecuencias proporcionales: la bondad siembra bondad, la injusticia cosecha injusticia. En lo teológico, la Palabra lo afirma con claridad: “No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado.” (Gálatas 6:7 TLA). La lógica es ineludible: lo qu...

EL ABRACADABRA EVANGELICAL Y EL PENSAMIENTO MÁGICO. FABIAN MASSA.

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  NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS El pensamiento mágico aparece cuando se cree que algo va a suceder por efecto de un rito o de una “declaración de poder” —léase hechizo o encantamiento - frase cantada—. Ellos suponen que repetir una oración como un mantra tiene poder automático, como si las palabras fueran fórmulas mágicas capaces de manipular a Dios. En ese punto, la fe se confunde con superstición: la repetición sustituye la comprensión y el rito reemplaza la obediencia. Del mismo modo, cuando se enseña que una profecía puede “sellarse” con un depósito de dinero en la cuenta del Ungido , la relación con Dios se mistifica y se reduce a una transacción comercial disfrazada de espiritualidad. El único que gana es el Ungido , mientras el acto económico se presenta como garantía de cumplimiento, como si el Reino de Dios funcionara bajo las reglas de un contrato mercantil.  Así, la esperanza se convierte en negocio, la fe en mercancía y la profecía en un recibo bancario. Es el...