DEL PROTESTANTISMO AL CAPITALISMO. FABIAN MASSA.
NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS En la Europa del siglo XVI y XVII, las viejas certezas religiosas comenzaban a resquebrajarse. El protestantismo, con sus distintas ramas —especialmente el calvinismo— ofrecía una visión distinta del mundo: cada persona tenía una vocación, un llamado divino que debía cumplir con disciplina y entrega. El trabajo dejaba de ser solo un medio de subsistencia para convertirse en una forma de servir a Dios. Los calvinistas, convencidos de la doctrina de la predestinación, vivían con la inquietud de no saber si estaban destinados a la salvación. Para hallar señales de gracia, se esforzaban en llevar una vida ordenada, austera y productiva. La riqueza, cuando llegaba, no debía gastarse en lujos, sino reinvertirse, pues el exceso era visto como pecado. Sin proponérselo, fueron creando un estilo de vida que encajaba perfectamente con el naciente capitalismo: disciplina, racionalidad y acumulación. Siglos más tarde, Max Weber observó este fenómeno y lo pla...