HAY POBRES Y POBRES PARTE 1 - FABIAN MASSA.

 

NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS

Estimados, muchas veces les he escrito que es necesario no reducir el significado de las palabras, ni los presupuestos que las sostienen. Cuando eso sucede, automáticamente se reducen también los resultados. De la misma manera, no debemos arrancar las ideas de su contexto inmediato y trasladarlas “en crudo” a otro contexto diferente, porque corremos el riesgo de caer en errores de interpretación.

Cuando leo en la Escritura hablar de “los pobres”, me pregunto: ¿qué imagen de pobre viene a mi mente? ¿Es lo mismo un pobre de Palestina en el siglo I d.C. que un pobre hoy en la provincia o en la Ciudad de Buenos Aires?

En Palestina, en tiempos de Jesús, un pobre vivía en condiciones de gran precariedad. Dependía de la agricultura de subsistencia, sometido a impuestos pesados por Roma y por las élites religiosas locales. La vida estaba marcada por la religión, la familia extensa y la esperanza en movimientos mesiánicos que prometían justicia.

La expectativa de vida era breve y frágil. La mayoría apenas alcanzaba los treinta años, aunque algunos, si lograban sobrevivir a la infancia, podían llegar a los cincuenta o sesenta. Pero eso era la excepción. La infancia era incierta: muchos niños morían antes de crecer, víctimas de enfermedades, de la falta de higiene y de la ausencia de cuidados médicos.

Quien lograba superar esos primeros años debía enfrentarse a una existencia marcada por el trabajo duro en el campo. El esfuerzo constante dejaba huellas en el cuerpo desde joven: dolores, fatiga, heridas que nunca sanaban del todo. La pobreza era una carga que se multiplicaba con los impuestos. Roma exigía tributos, los sacerdotes del Templo pedían ofrendas, y las élites locales reclamaban su parte. El campesino entregaba granos, aceite o monedas, y lo poco que quedaba apenas alcanzaba para alimentar a su familia. El hambre debilitaba la salud, y la deuda amenazaba con arrebatarle la tierra, condenándolo a ser jornalero o incluso esclavo.

Las enfermedades eran compañeras constantes: infecciones, parásitos, desnutrición, epidemias que recorrían aldeas enteras. Sin acceso a la salud, la vida se reducía a una sentencia simple: o se curaban, o se morían. La vivienda humilde, hecha de adobe y con poca ventilación, favorecía males respiratorios. La dieta era simple: pan, legumbres, aceite, pescado ocasional. Suficiente para sobrevivir, pero nunca para prosperar.

Y sobre todo, la vida estaba atravesada por la violencia. Los soldados romanos vigilaban los caminos, las revueltas estallaban en aldeas y ciudades, y la guerra podía arrebatar la vida en cualquier momento.

Obviamente, el escenario de la Palestina de Jesús no es el mismo que tenemos hoy Enero 2026 en la Ciudad de Buenos Aires. De acuerdo con los últimos cálculos del DGECBA[1], una familia tipo en CABA necesita alrededor de $2.200.000 al mes para cubrir la Canasta Básica Total[2] (CBT) más el costo del alquiler de un departamento de tres ambientes.

Por eso, no podemos tratar ambas pobrezas de la misma manera. El pobre de Palestina en el siglo I y el pobre de la Ciudad de Buenos Aires en el siglo XXI comparten la fragilidad, pero sus escenarios y sus luchas son distintos. La palabra “pobre” se mantiene, pero su significado se transforma con el tiempo y el lugar.

Situaciones de Pobreza diferentes, exigen respuestas diferentes...Ya no estamos en el Siglo I ni en Palestina.


 




[1] Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires

[2] La Canasta Básica Total (CBT) comprende el conjunto de bienes y servicios esenciales —alimentarios y no alimentarios— que necesita una familia para no ser considerada pobre. Incluye alimentos, vestimenta, transporte, educación, salud, comunicaciones y otros gastos básicos, pero no contempla el costo de un alquiler.

 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

CLASE 10 DISCIPULADO Y SERVICIO SEGUN PABLO EN EFESIOS 4.1-16. FABIAN MASSA

JEREMÍAS, QUÉ VES? BIBLIA + REALIDAD. FABIAN MASSA

JESÚS, LAS MULTITUDES Y LOS DISCÍPULOS. FABIAN MASSA