COSECHARAS LO QUE SEMBRASTE. FABIAN MASSA.

 

NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS

El principio de causalidad y la frase “Cosecharás lo que sembraste” están íntimamente relacionados, porque ambos expresan la misma lógica universal: toda acción produce una consecuencia acorde a su naturaleza. Si siembras trigo, cosechas trigo; si siembras maíz, cosechas maíz. La naturaleza responde de manera coherente a lo que se introduce en ella.

La sabiduría popular y la Escritura han recogido esta misma verdad. “Cosecharás lo que sembraste” no es solo una metáfora espiritual, sino una advertencia que atraviesa todos los planos de la vida. En lo agrícola, sembrar una semilla específica produce un fruto específico. En lo filosófico y ético, las acciones humanas generan consecuencias proporcionales: la bondad siembra bondad, la injusticia cosecha injusticia. En lo teológico, la Palabra lo afirma con claridad: “No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado.” (Gálatas 6:7 TLA).

La lógica es ineludible: lo que se hace regresa. En la física, si empujas un objeto, se mueve; si lo sueltas, cae. En la vida cotidiana, si inviertes tiempo en estudio, cosechas conocimiento; si inviertes en engaño, cosechas desconfianza.

De ahí que esperar una cosecha sin haber sembrado nada sea una ilusión vacía, una tontera disfrazada de esperanza. No hay fruto sin semilla, no hay consecuencia sin acción. Pretender resultados sin esfuerzo es como esperar espigas en un campo que nunca fue arado, o conocimiento en una mente que nunca estudió.

Aquí se desenmascara la falacia del famoso lema “Decláralo y recíbelo”. Promete fruto sin semilla. Resultado sin acción. Fe sin fundamento. Se presenta como espiritualidad, pero en realidad es superstición verbal: creer que basta pronunciar una frase para que la realidad se doblegue.

La verdad es otra: ni la tierra produce sin trabajo, ni la vida florece sin acción. La cosecha llega cuando hubo siembra, cuidado y perseverancia. Declarar sin sembrar es como gritar al campo esperando espigas: ruido sin fruto, ilusión sin raíz.

La lógica de la vida no admite atajos: lo que se siembra, eso se cosecha.




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