UNA ESPERANZA CONTRA TODA ESPERANZA. RO.4.13-25. FABIAN MASSA.
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Hola a todos. En esta
oportunidad, quiero tocar el tema de la Esperanza, sobre todo cuando desde la
lógica y la realidad, no hay posibilidad alguna para tenerla. Pero sin
esperanza, no hay fuerzas ni motivación para seguir luchando. Sin esperanza, ya
no hay posibilidades ni vida. La dicha se esfuma y solo quedaría amargura, por
eso es una cuestión de supervivencia el tener esperanza.
Les recomiendo leer el capítulo
entero en varias versiones y en especial desde el 4.13 a 25
Abraham recibió de Dios una
promesa grandiosa: que él y sus descendientes heredarían el mundo. Esta promesa
no dependía de la obediencia a la ley, sino de la fe, porque Abraham confió en
Dios y esa confianza fue considerada justicia. Si la promesa se limitara a
quienes cumplen la ley, la fe perdería sentido y la promesa carecería de valor.
Pero Dios, para que su palabra tuviera fuerza y alcance universal, la
otorgó por gracia, sin exigir nada a cambio, extendiéndola a todos los que
creen, tanto a los que siguen la ley (Con seguir la Ley, se refiere a
los judíos) como a los que comparten la fe de Abraham (aquí, los que comparten
la fe se refiere a nosotros “Los Gentiles” que hemos creído en Cristo). Por eso
él es padre de muchos pueblos.
Aunque parecía imposible —pues
Abraham tenía casi cien años y Sara no podía concebir—, él no dudó. Contra toda
esperanza, (léase contra toda posibilidad lógica y racional) creyó y esperó,
convencido de que Dios tiene poder para dar vida a los muertos y llamar a la
existencia lo que aún no existe. Su fe no se debilitó, sino que se fortaleció,
dando gloria a Dios, plenamente seguro de que cumpliría lo prometido. Por
eso su fe le fue tomada en cuenta como justicia.
Y este reconocimiento no fue
escrito sólo para Abraham, sino también para nosotros. Porque el mismo Dios que
aceptó su fe es quien levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él
fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, de
modo que, al confiar en Dios como Abraham, también nosotros somos declarados
justos y partícipes de la promesa.
Por eso, mis estimados: Abraham recibió de Dios una promesa que parecía imposible. Y Dios le hizo justicia no por cumplir la ley (léase la tradición judía), sino por confiar en el Señor.
Esa fe lo sostuvo aun cuando la lógica decía lo contrario: un hombre de casi
cien años y una mujer estéril no podían de ninguna manera tener hijos. Sin embargo, Abraham creyó y
esperó, y su confianza fue contada como justicia.
Hoy, en la Argentina de los Imposibles, donde nada es lógico ni nada funciona bien, donde todo está quebrado y putrefacto, sin lógica y sin posibilidades (más que para unos pocos), en una Argentina donde muchos están condenados a la nada misma (y no es una cuestión coyuntural del Gobierno actual, sino que viene de una cadena de crisis decadentes desde 1945) solo la fe en Dios y en sus Promesas de una Vida Plena nos puede mantener en vida para poder recibir la Victoria.
El
mismo que levantó a Jesús de entre los muertos es quien nos declara justos
cuando confiamos en Él. Así como Abraham dio gloria a Dios en medio de la
imposibilidad, también nosotros podemos alabarle, seguros de que cumplirá lo
que ha prometido.
“Por eso, más allá de las necesidades, las limitaciones, los imposibles y el desconocimiento de cómo hacer mejor las cosas, levantemos nuestra mirada y confiemos en el Dios que cumple lo que promete, porque en Él está nuestra verdadera victoria.”


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