BUSCAR LA POBREZA Y RENUNCIAR AL ÉXITO, ES SER MÁS ESPIRITUAL? FABIAN MASSA
![]() |
| NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS |
En el posteo LA VIDA ES UN JUEGO EN SERIO vimos que los niños participan activamente en juegos de roles, que en realidad, constituyen una pedagogía natural: Se entrenan para comprender el mundo adulto y sus funciones esenciales, una preparación simbólica para la adultez.
Así como los cachorros juegan a cazar para sobrevivir, los niños juegan a roles sociales para integrarse y prosperar en la comunidad.
Vimos que en la naturaleza creada por Dios, el fin del juego no solo es sobrevivir, sino prosperar, ganar... Porque perder significa vivir mal o aún morir.
El ascetismo cristiano y sus extremos
En los primeros siglos del cristianismo, muchos creyentes se retiraron al desierto. Eran los llamados Padres del Desierto, hombres y mujeres que buscaban una vida de oración, ayuno y soledad. Creían que el mundo estaba lleno de tentaciones, y que la santidad solo podía alcanzarse apartándose de él. Su radicalidad dio origen a una tradición de disciplina espiritual que marcó profundamente la historia de la fe.
Con el tiempo, esa búsqueda se institucionalizó en el monacato medieval. Los monasterios se convirtieron en espacios donde la vida ascética se regulaba mediante votos de pobreza, castidad y obediencia. Prosperar o triunfar en lo material era visto como distracción del camino espiritual. La renuncia se transformó en norma, y la austeridad en virtud suprema.
Más adelante, surgieron corrientes rigoristas que llevaron esta visión al extremo. Se enfatizó que el sufrimiento voluntario —ayunos prolongados, penitencias físicas, autoflagelación, renuncia a comodidades— era la única vía para agradar a Dios. La espiritualidad se confundió con dolor, y la gracia con sacrificio constante.
Autodesmerecerse como falsa humildad
En ciertos ámbitos de la espiritualidad cristiana se ha cultivado la práctica de autodesmerecerse. Consiste en rebajarse constantemente con palabras o actitudes, proclamando ser indigno, inútil o incluso un “gusano”, como si esa autonegación fuera la única forma de agradar a Dios. Lo que en apariencia parece humildad, en realidad puede convertirse en un ritual vacío o, peor aún, en una forma de manipulación espiritual.
La motivación es mostrar humildad, pero el resultado es confundirla con una autodestrucción de la dignidad que Dios mismo nos otorgó. La verdadera humildad no es despreciarse, sino reconocer la dependencia de Dios y valorar al prójimo.
El riesgo de esta práctica es claro. Se instala una humildad mal entendida, donde humillarse verbalmente parece más espiritual que vivir en gratitud y plenitud. Se produce una negación de la imagen de Dios, olvidando que fuimos creados a su semejanza y llamados a ser hijos, no gusanos. Y finalmente, se alimenta una espiritualidad centrada en la derrota, reforzando la idea de que perder o rebajarse siempre es más santo que prosperar o vivir con propósito.
Pablo habla de correr la carrera para ganar la corona incorruptible (1 Cor. 9:25).
Jesús promete vida abundante y no solo resistencia estoica.
La verdadera espiritualidad no está en prosperar materialmente sin medida, ni en sufrir por sufrir, sino en vivir en plenitud, amando a Dios y al prójimo.
.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario