COMO RESISTIR Y VENCER AL DESALIENTO GENERALIZADO. FABIAN MASSA.

NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS.

En las calles y en las conversaciones cotidianas de Argentina se percibe un aire de cansancio. No es solo la inflación o los números de la pobreza lo que pesan, sino la sensación de haber transitado demasiados años (Desde 2003 hasta aquí) sin que las cosas mejoren de manera sostenida. La gente habla de “estancamiento” como si fuera una palabra instalada en la vida diaria: salarios que no alcanzan, empleos informales que crecen, proyectos que se postergan.

Las familias ajustan permanentemente sus gastos, los jóvenes a los que les cuesta conseguir un trabajo en relación de Dependencia, y que cuando lo consiguen, es con un salario de hambre, con el cual no pueden ni pensar en tener una vida independiente…El resultado: siguen viviendo con papá y mamá hasta muy entrados en los 30…Sueñan con emigrar, pero eso tampoco es fácil.

Los comercios y la Industria sienten la retracción del consumo. En paralelo, la política parece girar en círculos: discursos que prometen cambios, gabinetes que se renuevan, pero la percepción ciudadana es que los beneficios nunca llegan al bolsillo. Esa distancia entre los anuncios y la realidad alimenta un desaliento profundo.

Las instituciones tampoco logran transmitir confianza. Vacantes en organismos clave, falta de respuestas claras y un sistema debilitado refuerzan la idea de que no hay rumbo firme. El resultado es un clima de apatía: menos participación, más desconfianza y un sentimiento de que “nada cambia”.

Sin embargo, en medio de ese panorama, también se percibe una búsqueda de resiliencia. Comunidades que se organizan, familias que se apoyan entre sí y líderes sociales que insisten en que la salida requiere políticas inclusivas y un horizonte compartido.

La esperanza de plenitud nacional (La Argentina Grande de Nuevo) se promociona como un horizonte compartido, pero el camino hacia ella no será parejo. En un país marcado por brechas económicas y sociales, la energía para reconstruir la confianza se distribuye de manera desigual. Sectores vinculados a la innovación, a la exportación o a comunidades con fuerte capital social pueden transformar el desaliento en impulso. En cambio, aquellos que viven en la informalidad, con ingresos inestables y sin acceso a redes de apoyo, corren el riesgo de quedar rezagados.

El resultado es un mosaico: mientras algunos grupos avanzan hacia la resiliencia y la reconstrucción, otros continúan sintiendo que el futuro se les escapa. La narrativa del país, entonces, no es la de una salida generalizada, sino la de múltiples trayectorias que conviven: unas de superación, otras de resistencia, y otras de persistente frustración.

RESUMIENDO: la salida no será para todos, sino solo para aquellos que se esfuerzan, que buscan alternativas y que se animan a reinventarse: LOS PROACTIVOS.

Los que no se ocupen, los que esperan que las cosas les caigan de arriba, quedarán donde están. Hoy en Argentina vivimos como si hubiéramos salido de una guerra, fruto de las políticas populistas de los últimos veinte y pico de años.

Por eso, más que nunca, es importante estar atentos a las necesidades del mercado, capacitarse y aprender a manejar las nuevas herramientas que trae la tecnología. El futuro no se regalará: será conquistado por quienes decidan prepararse y actuar.

 

LA ESTRATEGIA RECOMENDADA ES DE GUERRA:

  • Ajuste de los gastos al máximo
  • Esfuerzo permanente
  • Capacitación constante
  • Atento a las oportunidades
  • Seguimiento extremo de las rutinas de trabajo, siempre viendo en que se pueden mejorar.
  • Si hacemos esto, más tarde o más temprano tendremos nuestra cosecha.


 "Retroceder núnca, rendirse jamás"

 


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