RICOS QUE SE SIENTEN POBRES Y POBRES QUE SON RICOS. FABIAN MASSA.
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| NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS |
Estimados, hay veces que una persona que es verdaderamente rica, al faltarle algo que quiere con todo el corazón, se siente pobre. Acá les comparto el caso del Patriarca Abraham:
ABRAM, UN RICO QUE SE SENTÍA
POBRE.
15 Después de esto, Dios se
le apareció a Abram en una visión, y le dijo:
Cuando Dios le dijo esto a Abram, él ya era muy rico, pero Dios le promete darle más riquezas. Sin embargo, Abraham ya era un hombre mayor (lo mismo que Sara) y no tenía descendencia, por eso argumenta:
2-4 Abram le contestó:
Dios no se enoja ni ofende
con Abram por que se sentía triste, sino que lo comprende y le hace la
promesa de que va a tener descendencia, Abraham le cree y le es contado por
justicia:
- Génesis 15:1–6 Dios le dice a Abram: “No te heredará este (Eliezer), sino un hijo tuyo será el que te heredará. Mira ahora los cielos y cuenta las estrellas… Así será tu descendencia.” Abram creyó, y le fue contado por justicia.
- Génesis 17:15–19 Dios cambia el nombre de Sarai a Sara y promete: “Te bendeciré y también te daré de ella un hijo… llamarás su nombre Isaac.”
- Génesis 18:10–14 Tres visitantes anuncian a Abraham que Sara tendrá un hijo “de aquí a un año”. Sara se ríe, pero Dios reafirma: “¿Hay algo difícil para El Señor?”
- Génesis 21:1–3 Se cumple la promesa: “Visitó El Señor a Sara… y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho. Y llamó Abraham el nombre de su hijo Isaac.”
Pero quiero centrarme esta
situación: Si bien Abram ya era rico en bienes materiales, y más que rico
en su relación personalísima con El Señor, sin embargo, se sentía triste y
pobre por no tener descendencia y no lo motivaba el tener más riquezas.
Así vemos que Abram, aun siendo
rico en bienes y en su comunión con Dios, se sentía pobre porque le faltaba lo
que más anhelaba: un hijo.
POBRES QUE SON RICOS
Al mismo tiempo, hay pobres que,
sin tener riquezas materiales, son verdaderamente ricos porque poseen
esperanza, fe y propósito. La verdadera riqueza más grande (y que no tiene
riesgos de desvanecerse) no se mide en cuentas bancarias, sino en la plenitud
que da confiar en las promesas de Dios.
¿ESTÁ BIEN O ESTÁ MAL PEDIRLE
A DIOS SER PROSPERADOS?
Como escribí antes, Dios no se
ofendió con Abram porque este se sentía triste por no tener un hijo, a pesar de
haber sido muy bendecido en todos los aspectos de su vida y de tener una
relación directa con Dios. Lejos de enojarse o recriminarle, Dios lo comprende
y le da una promesa y la fe para que pueda tomarla.
Por eso entiendo que El Señor
(que no hace acepción de personas) tampoco se enojará con nosotros, (que somos
ricos porque lo tenemos a Él), si le
pedimos estar mejor en alguna área de la vida (la afectiva, familiar,
profesional o económica)
“Lo que Dios mira no es el pedido en sí, sino el corazón con el que lo hacemos. Pedir prosperidad no está mal; lo peligroso es convertir la prosperidad en nuestro dios. Abram fue contado justo porque creyó en la promesa, no porque acumuló riquezas.”


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