NOTICIA DE EXEGESIS & HERMENÉUTICA. FABIAN MASSA

 

NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS

Una vez que un escritor (cualquiera) publica su obra, esta se hace “Independiente de su autor”.

Estos tres puntos se resumen en la consolidación de la autonomía del texto y la transferencia del poder interpretativo del creador al lector.

  1. El concepto central se articula con la teoría de Roland Barthes de "La Muerte del Autor", la cual propone que el escritor es solo un "escribiente" que reordena conceptos culturales, y que la unidad y el significado de la obra nace realmente con el lector (su destino), no con su autor (su origen).
  2. Esta independencia se refuerza con la "Falacia Intencional", que advierte que es un error crítico enfocarse en lo que el autor quiso decir en lugar de enfocarse únicamente en lo que el texto dice por sí mismo, haciendo irrelevantes los sentimientos o pensamientos subjetivos del creador.
  3. Al liberarse de la tutela autoral y de su intención original, el texto inicia una Vida Histórica, adquiriendo polisemia (múltiples significados) que cambian con el tiempo y el contexto, significados que el autor original jamás pudo haber imaginado.

Esto de la Polisemia, es básicamente porque en cada tiempo y en cada cultura, los lectores van a tener interpretaciones diferentes.

Pero, comprender la independencia de un texto no implica anular su origen contextual; al contrario, este marco histórico, cultural y social resulta ser un pilar crucial que actúa como el marco de referencia esencial para descifrar el significado que el autor intentó comunicar a su audiencia original y revelar los códigos implícitos de la época. 

Para formalizar esta necesidad, la teoría de la recepción postula el concepto del Horizonte de Expectativas, que representa el conjunto de saberes y convenciones que compartían los primeros lectores con el autor, y cuya reconstrucción es fundamental para determinar si la obra fue, en su momento, una pieza innovadora o tradicional. De esta manera, la interpretación se establece como una dialéctica o una tensión productiva entre el ADN contextual de la obra —lo que significó en su nacimiento— y la lectura que le otorgamos en la actualidad, siendo la obra un objeto que viaja y que, aunque autónomo, lleva consigo su certificado de origen.

Sin embargo, el proceso hermenéutico no se detiene en esta reconstrucción histórica. Una vez que hemos logrado esa comprensión y explicación profunda del significado original anclado en su contexto, surge la necesidad vital de aplicar lo aprendido. El conocimiento adquirido sobre cómo el texto interactuaba con su primer horizonte debe ser trasladado a nuestro nuevo contexto contemporáneo, es decir, a nuestro propio horizonte de expectativas. Esta aplicación es lo que garantiza que la obra mantenga su relevancia y su capacidad de ofrecer nuevas perspectivas y significados, haciendo de la lectura no solo un ejercicio de historia cultural, sino una fuente viva de sentido y reflexión para el presente.

 

Para poder hacer una buena Herméutica, es primordial haber hecho antes una buena exégesis.

La interpretación de un texto antiguo, generado en otra cultura y en un idioma distinto, exige una aproximación metodológica rigurosa que prioriza no hacer reducciones de vocabulario o significados, reconociendo la amplia distancia creada por el tiempo, la lengua y la cosmovisión, y así evitar la imposición de categorías modernas.

El primer desafío es inherentemente lingüístico y semántico, donde es crucial evitar la reducción del significado a través de la evolución semántica (los falsos amigos temporales), pues una palabra en el idioma original tiene un peso y unos matices propios que nuestra lengua actual no capta completamente, entendiendo además que cualquier traducción es inherentemente una interpretación y obligándonos a analizar la sintaxis original como clave del pensamiento de la época.

Para esto tienen la Plataforma Digital BIBLIA TODO, con los textos Interlineales y el Diccionario Strong.

Superada esta barrera idiomática, debemos abordar la brecha cultural, reconstruyendo la cosmovisión completa del destinatario original, entendiendo sus categorías de tiempo, su relación con lo divino y su estructura social, lo cual es vital para determinar la función del género literario (si fue concebido como mito, ley o épica) y para interpretar sus símbolos y metáforas dentro de su propio sistema cultural, evitando imponer nuestros códigos actuales.

Finalmente, se requiere una atención rigurosa a la dimensión histórica y material del texto; esto incluye el ejercicio de la Crítica Textual al tratarse de copias de copias para asegurar la fidelidad y comprender el proceso de transmisión (como el de los manuscritos antiguos, ya que la fragilidad y rareza de estos objetos nos recuerda la distancia histórica), así como determinar la intención comunicativa real del texto (si fue concebido como un documento legal o una carta privada) y perfilar al destinatario original en toda su especificidad.

Solo a través de esta doble inmersión —evitando activamente las reducciones semánticas y respetando la alteridad histórica— puede el texto antiguo hablarnos con su voz auténtica para que luego apliquemos su significado a nuestro presente.





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