LA TENTACIÓN. FABIAN MASSA.

 

NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS

📖 Definición general

La tentación es la atracción, estímulo o impulso hacia algo que parece deseable, pero que implica un riesgo de apartarse de un camino correcto, ético o saludable. Es una fuerza que pone a prueba la voluntad, la fe o la integridad de una persona.

Bíblicamente, la tentación viene de parte de Satanás después de que Dios le haya comunicado su Palabra al Hombre. Con el 1° Adán en Génesis 3 y con el 2° adán (Cristo) en Mateo 4 y paralelos (Mateo 4.1-11; Marcos 1.12-13; Lucas 4.1-13).


📖 El 1° Adán – Génesis 3

Contexto: Dios había dado su Palabra en Génesis 2:16–17 (“de todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás…”).

  • Tentación: En Génesis 3:1–6, la serpiente (Satanás) cuestiona esa Palabra: “¿Conque Dios os ha dicho…?”.
  • Estrategia: distorsiona el mandato divino, siembra duda y ofrece una alternativa atractiva (“seréis como Dios”).
  • Resultado: Adán y Eva ceden, desobedecen y caen. 


📖 El 2° Adán – Cristo

Contexto: Justo después del bautismo, Dios declara públicamente: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17).

  • Tentación: Satanás aparece en el desierto (Mateo 4:1–11; paralelos en Marcos 1:12–13 y Lucas 4:1–13).
  • Estrategia: cuestiona la Palabra recibida (“Si eres Hijo de Dios…”), ofreciendo atajos de poder, pan y gloria.
  • Resultado: Jesús responde con la Escritura, permanece fiel y vence la tentación.

Así se revela un patrón: Dios habla, y el enemigo busca torcer esa Palabra. La tentación no es ausencia de Dios, sino prueba de lo que Él ya ha dicho. El contraste entre Adán y Cristo muestra el corazón del Evangelio: el fracaso humano frente a la victoria del Hijo, que abre un camino de fidelidad para todos los que confían en Él.

Podemos decir que Satanás tienta a los hijos de Dios con el fin de hacerlos caer de su condición de hijos y llevarlos a compartir su destino de condena. Sin embargo, la victoria de Cristo revela que la tentación no es invencible: es una prueba que puede ser resistida con la Palabra y la fidelidad.

La tentación es la voz que busca torcer lo que Dios ha mandado. No se limita a un lugar o a un tiempo específico: puede irrumpir en cualquier instante de la vida cotidiana. Su objetivo es que el hombre, seducido por lo inmediato, viole la Ley de Dios y se aparte de su voluntad. Así como en el huerto la serpiente cuestionó la Palabra, y en el desierto Satanás intentó desviar al Hijo, hoy la tentación sigue operando para quebrar la obediencia a los mandamientos que Dios estableció en Éxodo 20.

Cuando Dios entregó su Ley en el Sinaí, estableció un camino de vida y fidelidad. Sin embargo, la tentación acecha en cada mandamiento, buscando que el hombre lo viole y se aparte de la voluntad divina:

  1. El primer mandamiento nos recuerda que solo Dios merece adoración, pero la tentación aparece cuando el corazón se inclina hacia otros “dioses”: el dinero, el éxito, la ideología o incluso los afectos que ocupan el lugar central.
  2. El segundo mandamiento prohíbe las imágenes, y la tentación surge al querer sustituir lo invisible por lo visible, confiando más en símbolos, amuletos o figuras humanas que en el Dios vivo.
  3. El tercero nos llama a honrar el nombre de Dios, pero la tentación es usarlo en vano, manipular lo sagrado para justificar intereses personales o discursos vacíos.
  4. El cuarto manda guardar el día de reposo, y la tentación moderna es vivir sin descanso, idolatrando la productividad y olvidando la adoración y el cuidado del cuerpo.
  5. El quinto pide honrar a padre y madre, pero la tentación es la rebeldía, el desprecio de la autoridad legítima y la ingratitud hacia quienes nos dieron vida.
  6. El sexto prohíbe matar, y aunque pocos llegan al homicidio, la tentación se manifiesta en la violencia verbal, el odio en redes sociales o la indiferencia frente al sufrimiento ajeno.
  7. El séptimo ordena no adulterar, y la tentación se presenta en la infidelidad, el deseo desordenado, la pornografía o las relaciones superficiales sin compromiso.
  8. El octavo prohíbe robar, pero la tentación se infiltra en la corrupción, el fraude, el plagio académico o incluso en apropiarse del tiempo y esfuerzo de otros.
  9. El noveno manda no dar falso testimonio, y la tentación se expresa en la mentira, la manipulación y la distorsión de la verdad para beneficio propio.
  10. Finalmente, el décimo prohíbe codiciar, y la tentación se revela en la envidia, la comparación constante y el deseo insaciable de lo que otros poseen.



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