LA SABIDURÍA QUE VIENE DE LO ALTO, URRAPAPAPAPA. FABIAN MASSA
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| NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS |
En su carta, Santiago 3:17-18
describe la sabiduría que viene de lo alto con palabras que resuenan como un
retrato espiritual: “Pero la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo,
pura; además pacífica, amable, benigna, llena de compasión y de buenos frutos,
imparcial y sincera. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que
hacen la paz”. Es pura, sin doblez ni corrupción; es pacífica, busca
reconciliación y no conflicto; es amable y benigna, se expresa en trato justo y
compasivo; está llena de misericordia, sensible al sufrimiento ajeno; produce
buenos frutos, acciones concretas de justicia y amor; es imparcial y sincera,
sin favoritismos ni hipocresía. Santiago contrasta esta sabiduría con la
terrenal, marcada por celos y ambición, y deja claro que la sabiduría de lo
alto no nace del ego humano, sino que desciende como don divino, transformando
el carácter y la comunidad.
El Nuevo Testamento nos lleva más
allá y revela que esa sabiduría no es solo un atributo, sino una persona. Pablo
afirma en 1 Corintios 1:24, 30 que Cristo es “poder de Dios y sabiduría de
Dios”, y en Colosenses 2:3 declara que en Él “están escondidos todos los
tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. Así, las cualidades que Santiago
enumera no son meras virtudes abstractas: son el reflejo del Cristo vivo. Él es
la sabiduría pura, pacífica, misericordiosa, fructífera y sincera. Cristo, la
sabiduría de lo alto, ya vino: se encarnó, caminó entre nosotros, enseñó con
autoridad, murió y resucitó. Y ya volvió a los cielos, donde reina, pero su
sabiduría quedó plasmada en la Escritura, como alimento espiritual disponible
para todos. Solo hay que ir a buscarla y comerla, en el buen sentido de la
palabra, dejar que se convierta en vida y transformación.
La sabiduría que viene de lo alto
es más que un ideal ético: es Cristo mismo. Santiago describe sus rasgos, Pablo
revela su identidad, y la Escritura revela que esa sabiduría se hizo carne,
habitó entre nosotros y ahora está glorificada en los cielos. Narrativamente,
cuando buscamos la sabiduría de lo alto, no buscamos un concepto, sino una
persona: el Cristo.
Pero estimados, el Cristo vino, hizo lo que tenía que hacer y se volvió a ir hace como 2.000 años. Mucho de lo que hizo y de lo que dijo está plasmado en la Escritura.
En lugar de esperar
que “La Sabiduría te caiga de arriba”, deberías ponerte a estudiar en serio la
Escritura.
La sabiduría ya descendió,
ya habló y ya se escribió. Lo que falta no es que Dios hable y menos que La Sabiduría "Baje", sino que vos leas y estudies de manera crítica, amplia, sin reducciones teológicas, ni de lenguaje o de vocabulario, que estudies "sin achicar La Palabra de Dios".


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