SI SOS SANTURRÓN O ZURDO, NO LEAS ESTE POSTEO. LAS DOS MONEDAS DE LA VIUDA POBRE Y LO QUE MUEVE LA AGUJA ECONÓMICAMENTE HABLANDO. FABIAN MASSA.
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| NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS |
La historia de la ofrenda de la viuda pobre, o quizá, más que pobre
indigente, que pone las dos únicas monedas que tiene como ofrenda esta en Lucas
21.1-4 y Marcos 12.41-44. Aquí pego una síntesis de ambos textos:
Jesús se detuvo frente al lugar donde se depositaban las ofrendas en el
Templo y observó cómo la gente echaba sus contribuciones. Muchos ricos
depositaban grandes cantidades, pero también vio a una viuda pobre que echaba
dos moneditas de muy poco valor. Entonces llamó a sus discípulos y les dijo:
«Les aseguro que esta viuda ha dado más que todos los demás. Porque ellos
dieron de lo que les sobraba, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que
tenía para vivir».
Entiendo que el pasaje destaca el hecho de que,
para Dios, no importa si la ofrenda es pequeña, porque Dios mira el corazón (la
intención) y visto de esta manera, la ofrenda de la viuda era enorme:
Dios no evalúa la apariencia ni el monto,
sino la intención, la fe y la entrega.
La viuda no dio lo que le sobraba, sino lo
que le sostenía: Su ofrenda fue su sustento, lo que la mantenía viva. En ese
acto, expresó una dependencia absoluta de Dios.
Jesús observa en silencio, pero interpreta
en voz alta: Él ve lo invisible, y revela a sus discípulos lo que nadie más
percibe: la grandeza escondida en lo pequeño.
La economía del Reino es inversa: Lo que
parece insignificante en términos humanos, puede ser glorioso ante Dios. Esto
es entendible y un consuelo para todos aquellos que quieren ofrendar, pero es
muy poco lo que tienen.
Desde el punto de vista espiritual, aquellas
dos moneditas pesaban muchísimo. Pero en términos concretos, no movían la
aguja: no alcanzaban para cubrir ningún gasto significativo. Las dos
moneditas tenían un impacto espiritual, pero ninguno material.
No me quiero centrar en lo espiritual, porque eso está muy claro.
Me quiero centrar en lo real acá abajo: Muchos Pastores predican sobre esto, menospreciando las
buenas ofrendas de los más pudientes, cuando en realidad son estas las que van
a tener un impacto en las cuentas o criticando a aquellos que están encaminados
en proyectos productivos, que son precisamente los que generan fuentes de
trabajo para las personas.
Las obras, los templos, los ministerios, los
proyectos sociales, las misiones… se sostienen con dinero real. Y en ese
sentido, las “grandes ofrendas” —cuando son dadas con generosidad y propósito—
son fundamentales. No se trata de idolatrar el dinero, pero sí de reconocer que
la administración del Reino en este mundo requiere recursos tangibles.
Cuando se predica este pasaje como si lo
único valioso fuera “dar desde la pobreza”, se corre el riesgo de:
- Romantizar la escasez, como si fuera más espiritual que la abundancia.
- Desalentar a quienes podrían dar más, haciéndolos sentir que su aporte “vale menos” porque no implica sacrificio extremo.
- Desconocer la responsabilidad de los que tienen más, que no están llamados a dar “lo que les sobra”, sino a dar con visión, generosidad y compromiso.
Hay mucha mirada santurrona y pobrista, que
critica a todos aquellos que están dedicados a producir, no viendo que son
estos los que tienen la posibilidad de generar verdaderas oportunidades de
trabajo para los más pobres
Pero lo que muchas veces se olvida es que
los que producen, emprenden, invierten y arriesgan son precisamente los que
pueden:
- Generar empleo digno.
- Sostener obras sociales, templos, misiones y proyectos comunitarios.
- Multiplicar recursos para bendecir a otros.
- Pagan Impuestos, Tasas y Contribuciones que el Estado utiliza para cubrir a los más pobres.
No se trata de idolatrar el dinero, sino de
reconocer el valor del trabajo productivo como una vocación legítima y
necesaria. En la Biblia, hay espacio tanto para la viuda que da dos moneditas
como para José de Arimatea, un hombre rico que puso su tumba al servicio del
Reino.


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