APOCALIPSIS 2.12-17 PERGAMO
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| NO PEDIMOS DIEZMOS NI OFRENDAS |
Jesucristo, el que posee la aguda
espada de dos filos, se dirige a la iglesia de Pérgamo y comienza reconociendo
que viven en un lugar extremadamente peligroso, donde Satanás tiene su trono.
Alaba a la comunidad por
mantenerse fiel a Su nombre y no haber negado Su fe, incluso después del
martirio de Antipas, Su fiel testigo, ocurrido en esa misma ciudad.
No obstante, el Señor tiene
serias advertencias contra ellos porque la iglesia tolera internamente a
quienes siguen la doctrina de Balaam, la cual consiste en incitar al pueblo a
comer alimentos sacrificados a los ídolos y a cometer inmoralidad sexual, y
también a los que se adhieren a la doctrina de los nicolaítas.
Por ello, el mandato es
arrepentirse inmediatamente, o Él vendrá pronto para pelear contra esos grupos
con la espada de Su boca. La promesa final para el vencedor es darle del maná
escondido y una piedrecita blanca con un nombre nuevo, que solo el que la
recibe conoce.
Balaam, cuya historia principal se narra en el
libro de Números capítulos 22 al 24, era un personaje no israelita conocido por
el poder de sus profecías y su conexión con Dios. El rey de Moab, Balac,
atemorizado por el avance del pueblo de Israel, intentó reiteradamente
contratar a Balaam por dinero para que maldijera a los israelitas, sin embargo,
Dios intervino y solo permitió que Balaam pronunciara bendiciones sobre Israel,
frustrando así los planes de Balac; no obstante, más tarde Balaam ideó una estrategia
indirecta, enseñando a Balac cómo seducir a Israel para que cometieran
inmoralidad sexual y participaran en la adoración de ídolos, lo que hizo que el
pueblo perdiera el favor divino, logrando así el daño que no pudo conseguir
mediante una maldición directa.
Así como Balaam bendecía o maldecía por dinero,
de la misma manera hacen muchos de los Falsos Apóstoles y Falsos maestros de
las Mega Iglesias, esos que se hacen llamar pomposamente “Ungidos”.
Comentario
a Apocalipsis PDF, Simon Kistemaker, pag 114 y 115.
A unos ciento diez kilómetros al norte de Esmirna y a veintidós del mar Egeo se encuentra la ciudad de Pérgamo (la actual Bergama). Su nombre ha quedado perpetuado en el término pergamino (en inglés, parchment; en francés parchemin; en holandés, perkament).
La palabra ilustra la industria de la antigua Pérgamo, donde, debido a un
embargo comercial, sus habitantes, al no poder comprar productos de papel
(hechos de hojas de papiro egipcio), preparaban pieles de animales para
escribir sobre ellas. La ciudad no sólo vendía estas pieles sino que también
construyó una biblioteca que, con el tiempo, llegó a albergar unos doscientos
mil rollos. Se convirtió en un centro de saber en el que amontonaba
conocimiento para aplicarlo y difundirlo.
Situada a una altura de unos trescientos metros, Pérgamo servía como ciudadela que dominaba el territorio circundante. Fue una ciudad destacada en los siglos anteriores a la invasión de los romanos, quienes la convirtieron en capital. Pérgamo era conocida como centro religioso, con templos dedicados a Zeus Sōtēr, Atena Niceforus, Dionisio Categemon y Asclepio Sōtēr. Construido sobre un saliente frente al templo de Atena, estaba el altar de Zeus. Era el más espléndido de los monumentos religiosos debido a su altura, de unos trece metros.
Asclepio era el dios de la curación y atraía el interés de innumerables personas que sufrían enfermedades físicas. Su símbolo era la serpiente, que en la actualidad sigue adornando emblemas médicos.
Después de que los romanos conquistaran Pérgamo, construyeron un templo en 129 a.C. Luego lo dedicaron a Augusto y a Roma, e introdujeron el culto al César.
Dedicaron templos a Trajano y Severo años más tarde. El culto al emperador tenía su centro en Pérgamo, y por algún tiempo la ciudad rivalizó con Esmirna y Éfeso, porque se le otorgó el privilegio de nombrar a un custodio del templo o barrendero (neokoros). También fue el primer centro administrativo romano en la provincia de Asia. El procónsul que residía en la ciudad tenía la potestad de la espada para determinar si una persona debía vivir o morir.
Nótese que la palabra
griega sōtēr aplicada tanto a Zeus como a Asclepio significa «salvador». En vista
de su salvador Jesucristo, era imposible para los cristianos reconocer a estos
dioses como salvadores.
Además, nunca podían pronunciar el lema el César es señor, porque para ellos el título Señor estaba reservado sólo para Jesús. En lugar de los doscientos mil y pico volúmenes en la biblioteca de Pérgamo, recurrían sólo a las Escrituras.
En
lugar de los numerosos templos, no tenían ningún templo y decían que su
comunión cristiana e incluso sus cuerpos físicos servían de templo del Espíritu
Santo (1Co. 3:16; 6:19). Y en lugar de la sanidad de Asclepio, los cristianos
enseñaban que Jesús era su gran médico.
En resumen, para los
cristianos la vida en Pérgamo se había vuelto casi insostenible.
Debido a que se negaban a
ceder, los romanos y otros se burlaban de los cristianos a los que llamaban «christiani»,
y los judíos los llamaban «nazarenos». Se los acusaba de infidelidad a Roma, de
sedición, eran humillados, perseguidos y condenados a muerte. A pesar de la
persecución e incluso debido a ella, la iglesia cristiana siguió floreciendo y
aumentando en cantidad de seguidores.
En Pérgamo, los cristianos
se enfrentaban a diario con las presiones de una sociedad pagana. Si se negaban
a aceptar cualquier invitación para asistir a alguna fiesta en honor de una
deidad pagana, no sólo eran marginados, sino que con toda probabilidad perdían
sus puestos de trabajo y sus negocios. La gente los llamaba parias, indignos de
vivir en esta tierra. Pero para los fieles creyentes nadie está más alto que su
Señor, ninguna ley humana tiene precedencia por sobre la ley de Dios, y ninguna
enseñanza puede suplantar el evangelio.


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